RECOPILACIÓ BREVA de las materias qve lo avtor troba de interés en lo referent a jardins i paisatges, entre altres cvriositats.

dissabte, 30 de maig de 2009

ARTESANS A NAVATA -PATIS DE PRIMAVERA-

"Wen a Woman loves a man". Art Tatum (piano)





esprés de Girona Temps de Flors venen els "Patis de Primavera de Navata"


Tots hem pogut participar i opinar sobre polèmiques tipus "...això no es pot deixar de fer per què és tradició" O bé per què "...sempre s'ha fet i no passa res"

Per exemple amb el tema dels correbous.
La veritat és que les tradicions també tenen un primer cop. Un dia, unes persones tenen una idea per celebrar alguna cosa. I si agrada i la gent s'ho passa bé no hi haurà motiu per discutir si s'ha de deixar de fer o no. Amb el temps esdevindrà tradició i no es recordarà quan va ser el primer cop que es va fer.

A Girona, la iniciativa d'un grup de dones de fer un concurs d'art floral, ara fa 54 anys ha crescut fins el que ara podem veure a Girona Temps de Flors.

Aquest any a Navata s'ha començat amb la idea dels Patis de Primavera. Tan de bo que any rere any aquesta festa creixi i es faci tan popular com per acabar sent una tradició.

És una nova proposta, aquest cop feta per artesans, que ens empeny a sortir a fora. Ara que ja fa més bon temps, el sol escalfa i bé de gust passejar...
...podem conèixer el treball dels artesans de Navata fent un recorregut pels diferents patis i tallers.

Pati de lectura
Tots els participants en aquesta mostra havien de posar un títol, al seu muntatge, on hi aparegués la paraula "pati"
Per exemple: "La fila del Pati"

A unes hores determinades podies recórrer tots els patis amb una guia que t'anava explicant algunes curiositats de les cases i del poble de Navata, mentre ens portava d'un pati a l'altra.
Però també es podia anar per lliure, ajudats per un planell amb l'itinerari i les cases on hi havia les intervencions dels artesans.
Pati de dames
Ara em sap greu no haver-los retratat tots.
Així que si ho voleu, podeu provar d'anar-hi l'any vinent
Pati Animal

M'oblidava!! Només dura tres dies i l'últim es subhasten les peces dels artesans exposades en els muntatges.
Bon cap de setmana!

dissabte, 23 de maig de 2009

PARC DEL CENTRE DEL POBLENOU

El meu sincer agraïment a
El Nadador pel seu text.
Fotografies: Framiquel

Música: Light in the darkness - T42, de Kroke

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i us havia arribat alguna notícia de que més enllà de les Glòries el món es tornava inhòspit i fins i tot que la terra s'acabava... aquí teniu la prova que no és així. El Nadador, fent gala del seu esperit aventurer, va fer una expedició al "Nou Món" per tal de descobrir-nos les meravelles que es troben més enllà de les Glòries...

Parc Central del Poble Nou

Paseo sin brújula por una mitad del mapa de Barcelona que me sé de memoria, la que se aleja por la avenida Diagonal en dirección a la tierra de la niebla a partir de la plaza de Les Glòries. Conozco sin brújula la mayoría de sus calles. Esa mitad de la ciudad me es familiar y cuando salgo a caminar por ella voy sin dinero, con alpargatas, despeinado, indocumentado. Nada malo puede sucederme allí.

Cuentan que la otra mitad del mapa de Barcelona es Finisterre (el fin de la tierra). Algunos supervivientes regresan relatando que después de la plaza de Les Glòries, en dirección a las tierras del norte, existe una gran catarata que engulle a naves y marineros hacia la muerte entre nubes de espuma. Sin escapatoria. Por eso, cuando leí en una revista de viajes en la peluquería donde me rapan al uno que un arquitecto francés había diseñado un nuevo parque en esa zona norteña de la ciudad, donde sólo debería existir un precipicio a la nada, me excitó la posibilidad de emprender el viaje hacia ese fin de la tierra. En un descuido de la peluquera, metí la publicación en mi mochila.

En la Casa del Llibre me proveí de mapas apenas esbozados (sigue siendo tierra ignota para la humanidad), consulté en internet acerca de la existencia de la imaginaria tribu de los poblenovins que supuestamente caza y pesca y recolecta en humedales. Preparé el equipaje con la petaquita de agua, la garrafa de whisky, dos manzanas granny smith que parecían de cera y el salakov. Me llevé travel checks, cambié euros, me vacuné contra enfermedades tropicales y llamé a mi familia prometiendo postales desde el Poble Nou -si conseguía llegar allí- con esos bonitos sellos que acostumbran a emitir los países exóticos, repletos de dibujos de aves autóctonas (tipo gaviota). Y emprendí la gran aventura de alcanzar el Parc Central del Poble Nou.

Hasta la plaza de les Glòries (con ese bosque urbano central rodeado de rocas blancas y una valla que lo hace inaccesible -me pareció magnifico desde la lejanía) me sentí seguro. Después venía teóricamente ese lugar donde todos sabemos que existe una gran cascada y las naves se precipitan sin remedio. Pero -asombrosamente- seguí marchando por suelo firme, cruzándome con nativos muy parecidos a mí. Oteé el horizonte y vi un rascacielos en forma de supositorio.

Según los mapas que compré en la Casa del Llibre se trataba de la torre Agbar de Jean Nouvel. Producía dolor de cervicales observar su cúpula. Aunque su entrada era digna de una topera. Tan diminuta.

Seguí aventurándome en esa tierra de bárbaros. La avenida Diagonal estaba flanquedada por edificios de nueva construcción, absolutamente rectilíneos, de estética funcional, de carácter aséptico.

El ayuntamiento ha querido recrear allí una copia de Sillicon Valley, sobre las cenizas del Manchester catalán del siglo XIX. Lo han bautizado con un nombre de mapa de bits: 22@.


Hay empresas de tecnologías de la información, de energía, de industria médica o de medios de comunicación. En las fachadas pude reseguir con mis prismáticos comprados en Coronel Tapioca los logotipos de T-Systems, Adamo, Canal IP, Cuatro, Barcelona Televisió, Monlab, Farmadental, Telemedicine...
Pero me apeteció más el edificio rescatado del pasado en una esquina secreta: la antigua fábrica de Ca l'Aranyó que ubica el nuevo campus audiovisual de la Universitat Pompeu Fabra (UPF). Prefiero el viejo ladrillo rojo frente a tanto cemento y cristal. La horizontalidad ante la verticalidad. Me pareció un edificio docente soberbio, recuperado para postergar el carácter industrial del barrio.

Según la revista que requisé en la peluquería, los poblenovins siempre han sido una tribu espabilada. Pasaron de ser cazadores, pescadores y recolectores a entrar en las fábricas téxtiles de hace más de ciento cincuenta años.

Y ahora presentan proyectos tecnológicos con pendrives en esas impresionantes moles de cristal como la nueva sede de Mediapro, obra de Carles Ferrater, negra como el lignito. En la pantalla tremenda de la planta baja Boca Juniors marcó un gol, ignoro si en directo o en diferido.











Poco después apareció en un claro de la selva poblenovina el Hotel ME de 120 metros de altura, obra del francés Dominique Perrault, en la confluencia entre Pere IV y la avenida Diagonal. Me recordó una pared de nichos. No dormiría allí, aunque debo reconocer que te quita la respiración su estructura colosal.

Me quedaba poca agua en la petaca y el whisky se había evaporado en la garrafa cuando alcancé el Parc Central del Poble Nou.

Lo rodeaba un muro de Berlín gris con ojos de buey abiertos de par en par.

Era un parque intermitente porque lo divididían en varios espacios las calles Espronceda y Cristóbal de Moura. Parecía un laberinto. El camino de Pere IV quedaba perfectamente indicado en los carteles del interior y podías inventarte una impresionante historia medieval dando zancadas por sus losas.

Unos paneles mostraban imágenes virtuales de lo que será el recinto en el futuro: un techo verde formado por mimbreras amarillas, sauces llorones y acacias de flor amarilla que entrelazarán sus ramas en el cielo.

Parece un devenir prometedor.

Pero esa tarde de domingo eran simples arbolitos entablillados para que no los derrotaran de un soplido. La zona parecía seca e inhóspita.

El escaso cesped tenía apariencia de ser sintético y las flores olían a plástico.

Las sillas eran de película de ciencia ficción de los años 50. Metálicas y aisladas, como tentadas de emitir una orden de propulsión de los paseantes que las ocupaban. Predominaban los elementos urbanísticos en forma de arcada y las líneas rectas, como si se tratara de un parque científico.

Como si caminaras por él intentando resolver un difícil problema matemático.

Seguí la ruta marcada en los carteles y contemplé las cabañas bajo la lluvia, la plaza de la sardana, los nidos y los pozos del cielo,


el pozo del mundo rodeado de plantas aromáticas en esa pendiente suave (la idea original de la tribu de los poblenovins era hacer un pozo tan hondo que atravesara la tierra, y lanzar gritos allí para preguntar si había alguien al otro lado.
Presentaron la propuesta al ayuntamiento en 2004, y éste decidió finalmente que la conexión se realizara con un parque de Guayaquil -Ecuador.


El proyecto primario era construir un espacio interactivo entre ecuatorianos y catalanes. Pero se quedó en unas simples imágenes aéreas de los parques, a disposición de los ususarios. Lo políticos no aman las ideas poéticas de los ciudadanos). Algunos retoños de la tribu de los poblenovins intentaban montarse en unos columpios futuristas de metal, rascándose la cabeza para saber dónde estaba la entrada.
Anocheció, y las extrañas bolas de discoteca de los años ochenta colgadas de las vigas o en el suelo se iluminaron en los márgenes del parque. También se prendieron las torres de luz de los pozos del cielo.
Unos pocos poblenovins se sentaban en las sillas espaciales esperando que no les propulsaran a la atmósfera mientras sus golden retriever husmeaban las flores de plástico.

Caminas por sus cinco hectáreas flotando tras cada paso, con la necesidad de una hoja de ruta, de recibir órdenes desde Houston.

Aquí la zona de plantas aromáticas: siéntate y huele.

Aquí la isla bajo la cúpula: siéntate y enamórate.

Nouvel ha ejercido de Dios. No es como el Turó Parc, donde entras y te fundes con su pasado. El Parc Central del Poble Nou está por humanizar. Todavía se ha enamorado poca gente en su recinto. No hay corazones tallados en los troncos. Regresaré allí cuando las mimbreras, los sauces llorones y las acacias de flor amarilla hayan alcanzado su madurez y ofrezcan un techo verde prometedor, como el que anuncian en los paneles.

Salí del Parc Central del Poble Nou en dirección norte por la calle Espronceda, con su coqueta pérgola verde mientras transcurre por el parque (la mejor aportación de Jean Nouvel para mi gusto).Un par de manzanas más arriba, encontré una estampa de Barcelona que hacía tiempo que formaba parte de mi imaginario de la ciudad.

Dudaba de que existiera realmente.

La mujer irlandesa -de la tribu ancestre de los poblenovins- me prometió hace tiempo que me llevaría allí, que ese lugar era cierto. Jamás cumplió su palabra (está demasiado atareada).

Era el puente de Bac de Roda, de Santiago Calatrava.

Ahora estaba frente a mi mirada, por casualidad. Blanco, magnífico, bien iluminado. Me puse de puntillas para ver completamente su resplandor en la negra noche, tras los materiales de construcción del AVE sobre la acera.

Algunos poblenovins lanzaban sus cañas de pescar en esas vías del tren, sentados en el puente. Recordaban su reciente pasado de cazadores, pescadores y recolectores.

Me quité el salakov y sequé el sudor de mi frente. Había llegado al fin del mundo. A Finisterre.

Com sempre, les paraules en taronja estan enllaçades a temes relacionats. Si cliqueu les imatges les veureu ampliades.

Si us heu trobat a les fotos i no voleu sortir, feu-m'ho saber i tot seguit cambiaré la imatge.